Llegué a Buenos Aires en marzo de 2020, tres días antes de que el mundo se cerrara. Valenciano, treintañero, con una valija de veintitrés kilos y la idea de que "en Argentina se vive barato". Spoiler: no es tan simple. Esa primera semana la pasé en un departamento de Airbnb en Villa Crespo, escuchando cacerolazos desde el balcón mientras intentaba entender por qué el supermercado Día no tenía harina. Fue mi bautismo de fuego.
Desde entonces, he cruzado café con docenas de españoles que hicieron el mismo viaje. Algunos venían huyendo de la precariedad laboral madrileña, otros perseguían una historia de amor porteña, y unos cuantos simplemente querían saber qué se sentía vivir en el otro extremo del mundo. Lo curioso es que, pese a las diferencias de edad, motivo y provincia de origen, todos compartimos ciertos patrones. Todos pasamos por la fase de comparar el precio del vino con el de España (y sonreír). Todos sufrimos el shock del primer verano sin playa decente. Y todos, tarde o temprano, nos enfrentamos a la pregunta que nadie nos hizo antes de venir: ¿somos inmigrantes o expatriados?
En esta antología recopilo historias reales. No son casos de éxito de LinkedIn ni tragedias de diario sensacionalista. Son relatos de jóvenes nómadas que trabajan remoto desde un café en Palermo, de parejas mixtas que negocian en qué idioma discuten, de jubilados valencianos que descubrieron que el sol de Buenos Aires no compensa la burocracia de ANSES, y de profesionales que dejaron un contrato indefinido en España por una oferta en dólares que resultó ser más inestable que el peso argentino.
Mi objetivo no es venderte la fantasía de que emigrar es fácil. Es contarte la verdad con la calidez de quien ya pasó por el trámite de la DNI, por la primera navidad lejos de la familia, y por la extraña sensación de extrañar tanto las Fallas como el metro de Madrid. Si estás pensando en venir, o si acabás de llegar y todavía no sabés si quedarte, estas historias son para vos.